¿Vitamina u hormona?

Como si nada, se fue ya la primera parte del año. El tiempo se pasó volando. Espero que en estas semanas hayas logrado incluir algunos de los consejos de los posts anteriores, y que hayan resultado en cambios positivos en tu vida. Si no lo has hecho aún, no te preocupes; nunca es tarde y puedes empezar con cosas pequeñas, que a la larga irán sumando.

Si me has seguido la pista en los últimos meses podrás haber notado mi ausencia en estas últimas semanas. Dos razones detrás de ese paréntesis: falta de inspiración y cambios en mi rutina. Aunque no lo parezcan, están relacionados. Las rutinas nos dan estabilidad, porque hay cierto grado de predictibilidad y sensación de control, que en mi caso siempre es importante (dejar ir ese control es tema para otro post!😁). Reducen la ansiedad y nos dan momentum. Enfermedades, renovaciones forzadas en casa, un mes de vacaciones del colegio (¡!) y otros eventos inusuales y, en algunos casos inesperados, pueden darle vuelta a nuestros días y nuestras rutinas se disuelven sin que nos demos cuenta. Reconstruirlas y engancharse nuevamente puede ser también un desafío. En mi caso, no logro encontrar mi equilibrio del todo, pero sigo en la lucha…

Bueno, el asunto es que este desorden en mi mente y mi ansiedad que ha decidido visitarme continuamente no me han permitido reconectarme conmigo misma. Sin eso, la inspiración se me escapa. De allí que he fallado en hilvanar un post coherente, que fluya. A diferencia de mi yo anterior, no me castigué por eso. No quiere decir que me ganara la irresponsabilidad, pero no me castigué por no cumplir a cabalidad con mi programación autoimpuesta. Me permití darme tiempo y espacio, me regalé simpatía y compasión. Esto fue posible porque en el último año, poco a poco, me he reprogramado para estar más consciente del hoy, de mis necesidades, de cómo mi cuerpo reacciona al ambiente y de mi responsabilidad para conmigo misma. No es que ya gané esa clase, pero siento satisfacción en ver cuánto he avanzado.

¿Y tú?¿Qué tan crítica eres contigo misma? ¿Cómo está tu conexión con tu cuerpo y tus emociones? ¿Será que puedes regalarte simpatía y comprensión en los momentos de frustración? Te invito a que medites un poco sobre esto. Te aseguro que será un regalo para ti, porque estarás trabajando para tener una relación más cercana con la persona más importante de tu mundo: TÚ.

Hoy tomé la insistencia de mis hijas por cambiar una vez más la rutina y, en lugar de resistirla, la usé a mi favor. Aproveché el cambio de ambiente y reduje mis usuales distracciones y excusas (la montaña de ropa limpia sigue sin planchar…pero logré superar mi bloqueo y estás leyéndome de nuevo…YEY!!). La clave: hay que montar la ola mi amiga…verla venir, calcular nuestras fuerzas, acomodarse y usarla a nuestro favor. Busca esta semana una oportunidad para probar el concepto cuando te encuentres con un cambio no calculado en tus planes 😉 

Así que ya estoy de regreso con los consejos para mejorar tu salud, aunque te advierto que en este post seré un poco más breve, y que lo complementaré en el próximo (recuerda que estoy calentando motores de nuevo). Esta vez quiero platicar sobre la vitamina D. Para muchos esta vitamina debería recategorizarse como una hormona. En realidad, funciona como tal, producida en tu piel con la ayuda de los rayos ultravioleta, a partir del colesterol. Sí, el colesterol no es el malo de la película que nos han hecho pensar todo este tiempo, y debes incluirlo en tu dieta, pero ese es tema para otro día o para discutir sugerencias durante una sesión de coaching conmigo! 🙂

Funciones

Que es lo primero que se te viene a la cabeza cuando oyes Vitamina D. Te apuesto que piensas en huesos y dientes fuertes. Correcto, porque le ayuda a tu cuerpo a absorber el calcio. Sin embargo, la investigación médica ha encontrado y sigue encontrando otra variedad de funciones asociadas con ella.

Esta vitamina tiene la llave para  diversos procesos que se dan en nuestro cuerpo cada día; de allí que tenga un espectro tan amplio de beneficios en el cuerpo. Por un lado, regula el crecimiento y diferenciación de las células, lo que puede contribuir a la prevención del cáncer, y permite la reparación de tus tejidos del daño diario. Por el otro, tiene la capacidad de regular y controlar tus genes, con lo que puede activar o desactivarlos, y tener implicaciones en muchos órganos y tejidos de tu cuerpo.

Deficiencia de vitamina D

Su deficiencia está vinculada a otras condiciones tan variadas como cáncer, diabetes, artritis rematoidea, fibromialgia, autismo, esclerosis múltiple y el síndrome de intestino irritable, y que puede ayudar a prevenir problemas de la piel, enfermedades cardiovasculares, obesidad y altos niveles de colesterol. Sin embargo, la mayoría de personas no están conscientes de que tienen una deficiencia, pues los síntomas pueden ser muy sutiles. Estos incluyen:

  • Frecuentes infecciones, especialmente del sistema respiratorio y urinario, este último en niños, sobre todo. Esta mayor frecuencia en las infecciones usualmente la asociamos con una deficiencia de vitamina C, pero la causa podría estar en la deficiencia de la estrella de este post: la vitamina D. Se han identificado niveles bajos de esta vitamina en algunas personas que presentan estos síntomas y quienes registran mejoras al suplementarlos.
  • Dolor de huesos y de espalda. Dado el papel tan importante que juega la vitamina D en la formación y mantenimiento de los huesos, su deficiencia puede dar lugar a dolores en los huesos de las piernas, costillas, columna vertebral y las articulaciones. Estos dolores pueden ser ocasionados por la gradual pérdida de tejido en los huesos, lo que a la larga también los hace más débiles, y propensos a fracturas.
  • Depresión. Aunque no hay un claro vínculo entre la deficiencia de vitamina D y síntomas depresivos, se ha sugerido que esta podría estar relacionada con una modificación en el estado de ánimo. Esto es especialmente cierto para el caso de personas que viven más lejos del ecuador, quienes sufren del Desorden Afectivo Estacional durante los meses de otoño e invierno, justamente cuando la cantidad de sol que reciben se reduce considerablemente.
  • Enfermedades autoinmunes. Aunque no es la única causa detrás de las enfermedades autoinmunes, como la diabetes tipo 1 y las enfermedades de la tiroides, sí existe una relación entre su aparición y bajos niveles de vitamina D, porque esta ayuda al balance del sistema inmunológico, ni deprimido ni sobreexcitado.

Causas de la deficiencia

A pesar de tantas funciones y de lo beneficiosa que es, su deficiencia es extremadamente común en nuestra era moderna. Esto se debe a que, además de que las fuentes alimenticias de esta vitamina son limitadas, existen retos para su absorción. Su producción a partir de la luz solar, que sería la otra fuente natural, de mayor disponibilidad y gratuita, tiene igualmente sus complejidades, especialmente desde que la exposición al sol se relacionó con la aparición de cáncer de piel.

¿Quiénes están más propensos a sufrir de su deficiencia?

  • Las personas con una exposición limitada al sol; por ejemplo, si pasas todo el día encerrada en tu oficina, sin acceso a luz natural, si tiendes a cubrir mucho tu cuerpo cuando te asoleas o si vives en áreas muy frías. El riesgo se incrementa si el consumo de alimentos ricos en esta vitamina es limitado.
  • Las personas que sufren de algunas enfermedades gastrointestinales o condiciones como la cirugía de reducción gástrica, fibrosis cística, enfermedad celíaca o de Crohn, porque estas afectan su absorción.
  • Las personas con enfermedades renales o hepáticas, porque los riñones y el hígado son vitales para crear la forma activa de la vitamina D.
  • Las personas obesas (con un Índice de Masa Corporal superior a 30), porque las células grasas extraen la vitamina D de la sangre.

¿Cómo sabes si tienes tus niveles de vitamina D no son los adecuados? Existen pruebas de laboratorio específicas. Los rangos de referencia convencionales definen una deficiencia de vitamina D bajo los 30 ng/mL, pero los rangos óptimos se ubican entre 60 and 80 ng/mL.

Ojo que existen dos formas comunes de vitamina D:

  • Vitamina D2 (ergocalciferol) – Esta forma se encuentra en algunos alimentos fortificados y ciertos suplementos.
  • Vitamina D3 (colecalciferol) – Esta es la forma más biológicamente activa de la vitamina y se encuentra en suplementos de alta calidad.

Existen dos pruebas diagnósticas para medir tus niveles: 1,25 (OH)D y 25 (OH)D, también llamado 25-hidroxivitamina D. No entraré en mucho detalle técnico, lo importante es investigar cuál tienes a disposición y, si tienes opción, prefiere esta última pues mide los niveles de las dos formas de vitamina D. 

En el próximo post veremos cuáles son las fuentes de vitamina D y cómo mejorar tus niveles de este nutriente tan importante. Mientras tanto cuéntame en los comentarios si has medido últimamente tu nivel de vitamina D y cómo estaba, o si tienes alguna otra duda relacionada.

Un abrazo,

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s