Existen pero ¿son reales?

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Hola de nuevo, estamos iniciando un nuevo mes y, con él, un nuevo tema: nuestros pensamientos y creencias, y cómo decidimos manejarlos. 

Esta vez voy a contarles dos historias que, aunque pareciera que no, se refieren al mismo problema:

Había una vez dos monjes caminando por el campo y se encuentran a una mujer al lado de un río algo crecido. La mujer estaba sentada sobre una piedra, llorando; así que uno de los monjes se le acercó y le preguntó qué le sucedía. Ella le cuenta que está preocupada porque su casa queda del otro lado del río y en ella se encuentra su pequeño hijo. No puede cruzar el río porque no hay un puente y el río está creciendo y tornándose caudaloso. 

El monje decide tranquilizarla ofreciéndose para ayudarla. La carga a través del río y la deja del otro lado para que pueda llegar a su hijo, que la espera en su casa. El monje luego regresa a la orilla donde lo espera su compañero y siguen su camino. Ya habían recorrido un buen tramo cuando el monje que se quedó observando lo ocurrido decide reclamarle a su compañero. “¡Has hecho algo totalmente inaceptable! Nosotros como monjes tenemos prohibido siquiera hablar con las mujeres y tú, no sólo has hablado con esa mujer, la has tocado para llevarla a la otra orilla. ¿Por qué la has cargado?”

El monje escucha atentamente a su compañero y con una mirada de extrañeza le contesta: “¡Eso fue hace dos horas! Hace dos horas que dejé a la mujer sobre la otra orilla, pero tú continúas pensando en eso. ¡Eres tú quien continúa cargándola!”

¿Cuántas veces al día nos sucede lo que al segundo monje? Yo me declaro culpable. Tendemos a rumiar los eventos o pensamientos del pasado. Nos molestamos con alguien antes de salir de la casa y pasamos todo el día pensando en eso. El problema es que no solamente que lo piensas, pero cada vez que lo recuerdas sientes en tu cuerpo reacciones de enojo similares las que sentiste a las 6 de la mañana, ¡ y son las 4 de la tarde!

Photo by Thư Anh on Unsplash

Nuestra mente está funcionando TODO el tiempo. ¿Te puedes imaginar la cantidad de pensamientos que pasan por nuestra mente en 24 horas? Esos pensamientos pueden o no ser ciertos. Solo porque se nos atravesaron como una creación de nuestra mente no significa que son válidos. Y aquí entra la segunda historia.

En algún momento en las últimas semanas, a mi hija mayor se le cruzó por su cabecita que es mala para las matemáticas. No sé si tuvo ‘ayuda’ de alguien o de algún evento que la hizo pensar así, pero se aferró a ese pensamiento y esta semana que debía estudiar para su examen parcial de matemática decidió evadir el estudio. Su lógica decía que no tenía razón para estudiar si de todos modos era mala para matemática. Decidí entonces enfrentar el pensamiento, y preguntarle si eso era cierto. Al inicio ella muy enérgicamente me respondía que sí, era muy mala para las matemáticas. Se notaba que estaba sufriendo por esa aseveración, se sentía derrotada y seguramente también decepcionada y inútil. Entonces le dije que exploráramos las evidencias.

Si fueras mala para matemática hubieras perdido la materia el año pasado, con lo cual no hubieras podido pasar el grado,¿no te parece? Sospecho que en ese instante empezó a notar que su creencia tambaleaba, pero como no quería dar su brazo a torcer se volvió a enfrascar en la misma afirmación y me dijo que lo que pasaba es que el año pasado la materia era más fácil pero que este año ya están viendo multiplicaciones y divisiones, así que ahora sí es mala para matemáticas.

Entonces le cuestioné, ¿cuál ha sido la nota más baja en esa materia durante todo este año? Me dijo 90. De acuerdo, ¿suena eso como la nota de alguien que es mala para matemática, a pesar de las multiplicaciones y divisiones?  De manera reticente me dijo que no.

Mi hija es muy inteligente (igual que su mamá! jajajaja) y seguramente vio derrumbarse la idea a la que se había aferrado durante semanas, y espero que lleve consigo una lección sobre la que planeo seguir insistiendo: que los pensamientos existan no significa que sean ciertos. Quizás mientras lees la historia no te sientes identificada o veas claramente lo débil de su argumento. El problema es que, así como ella en su pequeño mundo, nosotras también escogemos pensamientos (grandes o pequeños) a los que les creemos y les damos vida propia, a pesar de lo débil de nuestro argumento. Los hacemos nuestra realidad y vivimos nuestra vida en función de ellos. ¿Cuál es el problema con eso?

En primer lugar, que, al igual que el segundo monje, nos mantienen desconectadas del presente. O seguimos cargando con algo que no podemos cambiar porque sucedió en el pasado, o vivimos en angustia e incomodidad por algo que nosotras creemos que va a suceder pero de lo cual no tenemos ninguna certeza. El vivir en el ahora nos hace estar comprometidas con lo real y nos ahorra horas de ansiedad.

El otro problema de creernos todos los pensamientos que pasan por nuestra mente es que la gran mayoría son negativos. Incluyen criticismo, usualmente dirigido hacia nosotras mismas, miedo y preocupación. Esto no significa que seamos malas personas, negativas o tóxicas. Esta línea de pensamiento es normal, es parte de ser humano. El cerebro, por cuestiones evolutivas, está programado para buscar y priorizar lo que está mal sobre lo bueno, pues de esa manera puede estar preparado para responder a los peligros. La buena noticia es que no debemos creerles a estos pensamientos, podemos escoger no ser víctimas de nuestra propia biología.

Entonces, ¿qué debemos hacer con los millones de pensamientos que nuestra mente fabrica en cada momento? Aprender a reconocerlos, contemplarlos en lugar de evadirlos. En muchos casos, dejarlos seguir su camino, y en otros, abrazarlos si te sirven.

Y te estarás preguntando qué tiene que ver todo esto con la salud, al final de cuentas eso fue lo que te ofrecí, no? Lograr controlar lo que finalmente es nuestra realidad nos ayuda a bajar nuestros niveles de estrés y de ansiedad. Por cada pensamiento que creas hay una reacción física inconsciente, como un flujo de hormonas o un cambio en tu patrón de respiración. Esa reacción tiene el potencial de deteriorar tu salud si es negativa, o de apoyarla si es positiva.

Y como si fuera el final de temporada de una de esas buenas series en Netflix, te dejo con el cliffhanger para dentro de quince días, donde te daré algunas ideas de cómo tener un mejor manejo de nuestros pensamientos. ¡Hasta la próxima! 😜

Un abrazo,

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