Sencillas pero valiosas

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¡Hola! Estamos aquí de nuevo, con la segunda parte del tema del mes: los pensamientos. Como te comenté hace 15 días, miles de pensamientos pasan por tu mente todo el día, pero no necesariamente significa que son reales y que debes creerles. Claro que están los positivos que te impulsan a salir adelante, probar cosas nuevas, sentir amor y agradecimiento por lo que existe en tu vida, y los que te siembran una semillita de cada proyecto nuevo que emprendes. Esos abrázalos y hazlos tuyos, peeero, están también los negativos que, además de limitarte en tu actuar y hacerte sentir mal, también pueden tener un efecto físico en tu cuerpo. El funcionamiento del cerebro se ve afectado por estos pensamientos y puede tener implicaciones en tu memoria, puede volverte más irritable, ocasionarte fatiga física y mental, trastornos del sueño y un pobre sistema inmunológico, lo que puede dar lugar a una mayor frecuencia en gripes y resfríos. Y por supuesto, la ansiedad y la depresión tienen una fuerte relación con estos pensamientos.

Yo sé, estos síntomas rara vez se asocian a tus pensamientos, porque usualmente se piensa que la mente y el cuerpo son dos partes separadas de una persona y que no están vinculados. Sin embargo, desde hace siglos se ha demostrado que esta relación existe y es muy cercana. Lo que pasa en uno tiene implicaciones en el otro.

Entonces, ¿qué hacemos para manejar estos pensamientos, de manera que logremos apoyar nuestra salud? Existen quienes sugieren que estés pendiente de cada pensamiento negativo que se te atraviese y que lo sustituyas por uno positivo. Sin embargo, con miles ocurriendo cada día, es una solución idealista. No puedes pasar el día encerrada en ti misma a la espera de ese próximo pensamiento.

Lo primero que debes hacer es estar consciente de que estos pensamientos existen y que son más comunes de lo que uno cree, y que eso es normal y puedes escoger qué hacer con ellos. Eso te pone en control inmediatamente. No estás a merced de ellos.

Luego, existen dos prácticas, sencillas pero valiosas porque pueden ayudarte a entrar en contacto con tus pensamientos. Adicionalmente, tienen otros beneficios para tu salud: escribir un diariomeditar.

La práctica de escribir un diario o journaling, como se le llama en inglés, tiene la finalidad de descargar todos tus pensamientos sobre tu día, sobre tu futuro o tu pasado…básicamente sobre ti. No tiene que ser nada complicado, no tienes que salir a comprar el diario más lindo que encuentres en la librería, aunque si eso te causa alegría, hazlo. Debo admitir que de niña/adolescente siempre me llamó la atención escribir un diario. Las referencias que tenía de él venían de películas y estaban asociadas a algo muy privado donde podías contar tus secretos como el chico que me gustaba en ese momento, y estaba encerrado en un halo romántico. Siempre iniciaba una página con la frase “Querido diario:” jajajaja ahora que lo recuerdo me da tanta gracia, ¡era tan cursi! pero el punto es que nunca desarrollé ninguna práctica de escritura porque mi idea estaba equivocada. Un diario no tiene nada que ver con mi último enamoramiento, es simplemente una vía de escape para mis pensamientos y mis sentimientos. Es algo así como un terapeuta en la punta de tu lapicero. Te permite liberar tus emociones pero también, si lo relees puedes darte cuenta de cosas de las que no estás consciente. Puedes ver en blanco y negro pensamientos repetitivos, frustraciones, deseos y sueños, sin ninguna censura, y evaluarlos. Puedes hacer luego algo al respecto; desecharlos porque te diste cuenta de su inutilidad o su falsedad, o llevarlos a la práctica porque te diste cuenta que en realidad eso es lo que tú ansías.

¿Cómo lo haces? Consigue un cuaderno con suficientes hojas, el que te sea más fácil de obtener, y un lapicero, y mantenlos siempre en el mismo lugar para lograr consistencia. También puede ser un diario digital. Cada quien puede trabajar con lo que se le haga más fácil, aunque el hecho de escribir a mano tiene sus beneficios, y lo hacemos cada vez menos…

Pero bueno, tú escoge el formato que más te llame la atención e inicia con ese. Siempre existe la opción de cambiarlo en cualquier momento. No te limites, es algo para ti, no para llenar las expectativas de alguien más. 

Luego escoge una periodicidad. Hay quienes funcionan bien con una práctica diaria, semanal, o incluso quincenal. No te recomiendo más allá de eso, porque ¡quién se acuerda de todo lo que le sucedió hace un mes! Esto también es prueba y error, y por favor, no se trata de establecer una forma más de torturarte si no cumples a cabalidad con ese horario. Claro que hay que tratar de ser consistentes, pero si algún día no lo logras, hazte un favor: perdónate y sigue adelante. 

Bueno, ya tienes la frecuencia con que lo harás, ahora busca un momento del día en que está todo un poco más tranquilo para hacerlo. Puede ser muy temprano en la mañana antes de que inicie el corre-corre del día, a mediodía o media mañana durante un descanso que tengas o luego del almuerzo, o al final del día cuando estás lista para descansar y todos están durmiendo. No necesitas dedicarle una hora de tu tiempo, 15 minutos pueden ser suficientes.

¿Qué vas a escribir? Puede ser una descripción de tu día (anterior o actual), tus acciones, pensamientos, sentimientos, desafíos que enfrentaste, sobre algo particular que sucedió en el día o un evento que esperas que suceda ese día. Un texto de entre 200 y 300 palabras suele ser suficiente, aunque claro si estás inspirada, aprovéchalo. Para referencia, los primeros tres párrafos de este post tienen un poco menos de 300 palabras. Ves, no es mucho.

Habrán días que se te hará difícil iniciar a escribir, así que puedes tener a mano una lista de preguntas que te podrán servir de inspiración, como esta:

  • ¿Qué estoy pensando?
  • ¿Cómo debería haber reaccionado en retrospectiva?
  • ¿Cómo son diferentes las cosas ahora?
  • ¿Qué le diría a una versión más joven de mi misma?
  • ¿Por qué estoy agradecida hoy?
  • ¿Qué valoro en este momento?
  • ¿Quién me ha ayudado?

Habrán días que la escritura no fluirá tanto, y habrán días en que la mano no escribirá lo suficientemente rápido. Es normal. También puedes aprovechar los fines de semana o feriados, que solemos tener un poco más de tiempo, para extenderte un poco más. Lo importante es que tengas una vía de expresión solo tuya, privada, en la que no tengas limitaciones impuestas por nadie.

Photo by Ana Tavares on Unsplash

Ahora la meditación, puedes ir a este post  donde hablé sobre la meditación pero básicamente es, igualmente una práctica que nada tiene que ver con religión o espiritualidad. Únicamente nos transporta fuera de nuestra ruidosa charla interna a un espacio de quietud y silencio, y que además tiene muchos beneficios físicos en tu cuerpo y tu mente. Ayuda a reducir la presión arterial, mejorar la memoria y el funcionamiento del sistema inmunológico, y reduce los niveles de ansiedad, por mencionar algunos.

Existen diversos tipos de meditación, algunos diseñados para los monjes en algún lugar de Asia, y otros para personas que tienen una vida variada y más sociable, como nosotras. Así que, si cuando te menciono la meditación lo primero que te viene a la mente es un asunto esotérico donde tienes que estar sentada en posición de loto, con las piernas cruzadas en el piso, rodeada de música relajante y aroma de incienso, te digo que esta puede o no ser tu experiencia, y que no lo sea no demerita tu práctica. De hecho, muchas personas realmente versadas en el tema recomiendan que medites sentada en la manera que te sientas cómoda. Nadie realmente puede meditar si tiene un fuerte dolor de espalda por tratar de mantener una posición que no le resulta natural. 

Existe varias ideas erróneas alrededor de la meditación, y aquí te presento dos de las más comunes:

Debo meditar al menos una hora. No existe un tiempo específico para meditar. Claro, mientras más tiempo dediques a la práctica, más beneficios obtendrás, pero un ejercicio de meditación de algunos minutos pueden hacer gran diferencia en tu salud, y puede ser el inicio para una práctica de mayor duración con el tiempo. Recuerda, unos minutos de meditación son mejor que ninguno.

No debo pensar durante la meditación. Si no vacío mi mente, estoy haciéndolo mal. Como vimos en el post anterior, los pensamientos ocurren todo el tiempo, es parte del trabajo de la mente. Pensar que vas a evitarlos es irreal. Lo que sucede durante la meditación es que te vuelves consciente de esos pensamientos, pero escoges no ‘engancharte’ a ellos. Es decir, que no los juzgas, no los tratas de alejar o evitas seguirlos, los dejas pasar. Tu objetivo no son los pensamientos, es ese pequeño espacio entre cada pensamiento, la brecha donde encuentras puro silencio, calma y conciencia. Claramente ese es un reto. Pero como la meditación es una práctica, no una meta, habrá días que podrás hacerlo mejor que otros, y también lograrás estar más tiempo en esa brecha conforme seas constante en tu meditación.

Yo no soy para nada una experta en meditación, aunque sí la he practicado, así que te recomiendo que investigues un poco. Hay tal variedad de tipos de meditación que seguramente encontrarás uno que te funcione. 

Ahora cuéntame tú qué piensas de estas dos prácticas. ¿Con cuál iniciarás? ¿Ya has experimentado con alguna? ¿Qué beneficios observaste? 

¡Hasta la próxima! Un abrazo,

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. Valentina dice:

    Hola! gracias por esos buenos consejos,los tomare en cuenta!.

    Le gusta a 1 persona

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